La mejor llave de Javier Selma

6 de April del 2017

  • Mientras se prepara para bombero, el de Albal hace historia con el equipo femenino, ya que ningún club español había logrado el título continental 

  • El judoca triunfa como entrenador del Valencia al proclamarse campeón de Europa.

Javier Selma dejó de competir para poder dedicar el tiempo necesario a preparar las duras oposiciones. El judoca considera que sus condiciones físicas y su fortaleza mental, labradas en los tatamis, jugarán a su favor a la hora de abrirse camino como bombero. El próximo mes se examinará, por lo que exprime cada día. Sin embargo, este propósito profesional no le ha impedido alcanzar su mayor éxito deportivo. Y es que ahora vive desde otra perspectiva el arte marcial que tanto le apasiona. Su actual posición está en la silla de entrenador, esa que le permite dar consignas y compartir sus años de experiencia. El pasado mes de diciembre, en Belgrado, conquistó el Viejo Continente. El de Albal, quien forma parte de la estructura técnica del Valencia Club, dirigió el equipo femenino que se coronó en el Campeonato de Europa. Ningún conjunto español lo había conseguido antes. Ha hecho historia.

«El éxito de las chicas ha sido grandísimo. Una parte de mérito es mía, pera las que salen al tatami son ellas. Y lo hicieron genial. La función del entrenador es intentar guiar o aportar soluciones desde fuera. Pienso que le sirvió y puse mi granito de arena», admite Javier Selma, quien no oculta su «orgullo» por alzarse como uno de los artífices del triunfo del Valencia Club de Judo. Ha firmado un hito.

Se trataba de la primera vez que un equipo femenino español participaba en el Campeonato de Europa de clubes. Por lo que respecta a los hombres, sólo había existido un representante nacional. Fue el Valencia en 2009. Y el pasado mes de diciembre, siete años después, el conjunto masculino repitió, aunque cayó eliminado en la primera ronda.

 

De esta forma, las judocas del Valencia concedieron a España la primera medalla de su historia en el Europeo de clubes. Y la presea fue ni más ni menos que de oro. Merced al logro cosechado en Belgrado, el equipo obtuvo el billete para la exclusiva Golden League, que se presenta como la máxima competición continental. Al alcance de sólo unos privilegiados.

«La Golden League está compuesta por sólo ocho equipos. Los cuatro primeros mantienen la categoría. Los demás bajan y suben los cuatro primeros del Campeonato de Europa. Así, se premia a los clubes que no tienen tanto dinero. Mantenerse es muy complicado. En el judo, los que más dinero mueven son los rusos, los georgianos, los azerbaiyanos, los franceses... La diferencia es muy grande por los presupuestos», explica.

En Belgrado, Javier Selma llevó la dirección técnica y táctica del conjunto femenino del Valencia. En cuartos de final, se impusieron a Francia por 5-0. En semifinales, desbancaron a la potente Rusia por un ajustado 3-2. Y en la gran final, superaron con autoridad a Serbia (4-1). 

«Estuvieron las valencianas Laura Gómez y Ana Pérez. También estuvo Julia Figueroa, que es cordobesa pero lleva en Valencia desde los 17 años y que fue a los Juegos de Río. Se juntó que teníamos muy buen equipo y aparte hicimos unos buenos fichajes», comenta. En la categoría masculina del Europeo, Sugoi Uriarte se presentó como la gran esperanza.

El Valencia Club de Judo es la gran referencia a nivel nacional. ¿El secreto? «Se paga una cuota hasta cadete. Después, aquí no paga nadie. Gracias a los resultados de los adultos, el club recibe ayudas de Ayuntamiento, Diputación, Proyecto FER, Fundación Trinidad Alfonso... Y con esas ayudas, el club paga becas de residencia y manutención. Como este deporte no te da dinero, al menos que tampoco te cueste dinero entrenar», explica. 

El club atraviesa su mejor momento. Y lo volvió a demostrar el pasado mes de mayo, consiguiendo el triplete en la Liga Nacional. En el Pabellón de Villaviciosa, se llevó el título en la máxima categoría masculina, femenina y juveniles. Casi nada.

Selma se encargó especialmente del conjunto masculino, mientras que Sugoi lo hizo con el femenino. Pero la responsabilidad se comparte: «En ese momento, no es sólo el que está en la silla sentado, sino que es toda una estructura que hay detrás».

Su padre, quien también fue judoca, le enseñó las primeras llaves: «Dejé de competir hace tres años. Tengo 30. Como deportista no he sido un top, pero fui campeón de España universitario, medallista español sub-23 y cadete. Además, he conseguido medallas en Copas continentales y he sido campeón nacional de clubes. Es un deporte de contacto y puedes tener muchas lesiones. Al opositar, tengo que estar físicamente perfecto».

El oficio de bombero también lo descubrió a través de su padre, quien se acaba de jubilar: «Estoy preparando las oposiciones para tener un trabajo estable y que pueda compaginar con lo que me gusta, que es el judo y la preparación física. Hoy, en España, no se puede vivir de la competición. En Francia, existe el instituto del judo y los competidores cobran al mes».

Considera que sus capacidades como judoca le ayudarán como bombero: «Para situaciones de conflicto, hay que estar tranquilo. Y puedo llevarlas bien. En competición, estás tu sólo y eso te da confianza en ti mismo». Nada de temor: «Más que miedo, da respeto. Sabes que vas a ver cosas que no son agradables y vas a vivir situaciones en las que te vas a poder jugar la vida. Pero son más los pros que los contras. Es una profesión que está muy bien vista y valorada».

 

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